Por Carolina Montes

Cuidando ahora lo que en el pasado no pudo ser cuidado, crecemos, nos volvemos más enteros, más presentes en cada aquí y ahora, sabiendo que hay un pasado que fue tal como fue y un futuro abierto a lo nuevo.

Cuando aun hoy nos descuidamos, algo en nosotros permanece desamparado, la vida puede hacérsenos tan grande como amenazante y el peso del pasado impedirnos avanzar como quisiéramos.

¿Qué puede ofrecerme la terapia? ¿Qué puede descubrirme que yo ya no sepa? ¿De qué sirve mirar atrás?

Siempre estamos a tiempo, mientras estamos vivos, de aprender a cuidar aquello que precisa ser cuidado y que nos hará sentirnos seguros y a gusto en nuestra propia piel.

El psicólogo, el terapeuta o counsellor podrá servirnos de guía hacia el encuentro de aquello que dentro de uno mismo espera ser escuchado, sentido y comprendido. Juntos daremos la bienvenida a todas las historias que esperan el momento de ser expresadas y atendidas. Juntos es más fácil.

Muchas de esas historias podrán ser contadas con palabras y no sólo con ellas. Habrá gestos, miradas, lágrimas, puños cerrados, nudos en el estomago que por fin estarán recibiendo el abrazo testigo que tan largo tiempo anhelaron.

Y aunque el pasado no pueda cambiar, algo cambiará en la mirada de quien un día acudió a terapia, habrá más paz y esto clarificará su visión.

¿Lo mío tiene arreglo? ¿Soy un caso perdido? ¿Cuanto tiempo va a requerir la terapia?

Cada paso nos acerca un poco más a nuestro objetivo.

Desde la perspectiva budista se describen cuatro puertas hacia la autorealización o felicidad plena:

  • La consciencia de muerte
  • La sexualidad
  • La meditación
  • El sufrimiento o trauma.

Aquello que a veces pensamos que necesita arreglo, es la puerta que nos va a permitir alcanzar la plenitud que anhelamos, nos dará la oportunidad de revisar nuestras heridas para cuidarlas, revisar nuestros valores para reorganizarlos, revisar nuestras creencias para actualizarlas y gracias a ello estaremos más cerca de sentirnos mejor en nuestra piel y con nuestra historia.

No existen los casos perdidos, como no hay sesiones malgastadas o perdidas. Cada encuentro terapéutico aportará lo necesario en cada momento. Será un lugar donde ocuparás un lugar propio, donde encontrarte y ser encontrado, donde recobrar tu sentido de pertenencia.

Por otro lado, problemas y soluciones son caras de la misma moneda. No hay casos perdidos como no hay problemas sin solución. Además, cuando nos damos cuenta de que “el problema es un intento de solución”, que así se gestó en un pasado a falta de recursos y apoyo, podemos entender que ahora, con más recursos y apoyo, necesariamente otras formas de solución menos problemáticas encontraremos.

Cuidarse y dejarse cuidar sólo trae beneficios.

La palabra cuidado viene del latin cogitatus (reflexión, pensamiento, interés que uno pone en algo).

Quizá en estos tiempos de atención dispersa, sobrestímulo y distracción, el acto introspectivo de cuidar de sí mismo sea la revolución pacífica que necesite nuestro corazón para sanar las heridas del pasado y recobrar la confianza.

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