Carolina Montes

Psicóloga y Terapeuta
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Psicóloga y Terapeuta

Formación en Constelaciones Familiares. Escuela de Constelaciones Sistémicas. Peter Bourquin y Carmen Cortés.

Especialización en Terapia Transpersonal. Universidad Europea Miguel de Cervantes, Escuela Española de Desarrollo Transpersonal.

Terapia personal didáctica: Constelaciones Familiares en grupo y en sesión individual, Trabajo de Sanación del Gemelo Solitario, Meditación Vipassana, Tantra, Terapia Transpersonal, Respiración Holoscópica, Maternidad Consciente, Terapia Humanista Integrativa, Procesos de Duelo, Análisis Transaccional, Terapia Cognitivo-Conductual.

Licenciada en Psicología, especialidad clínica y de la salud. Universidad Complutense. Université René Descartes.

Acerca de mi y de mi comprensión del proceso terapéutico

Quizá lo más relevante acerca de mi y para empezar, es que estoy viva, aquí, ahora.

En el camino, me he encontrado con algunos baches, pinchazos, precipicios aparentemente insalvables, jaulas de cristal, espejismos, guerras territoriales, mochilas demasiado cargadas. Claro que también ha habido momentos de goce, descanso y contento, reconfortantes y necesarios, como en cualquier aventura, y al mismo tiempo, no han sido estos momentos los que me han impulsado a madurar y alcanzar cierta plenitud.

Cierto es que en sí misma, la adversidad nos impulsa a crecer, salir de nuestras zonas de confort para explorar nuevas y ricas posibilidades. La cuestión es que bien acompañado en ese camino, el aprendizaje y la evolución puede ser igual o más eficaz y tanto más amable.

Este ha sido uno de los más importantes descubrimientos que he hecho durante este viaje, que ya dura unos años. Que bien acompañado por alguien que ya lleva un buen trecho de su camino de autodescubrimiento y superación recorrido, el camino se allana. Las dificultades no van a desaparecer pero la percepción de que son insalvables o de que van a acabar con uno, cambia; nuestra mirada puede allanar el camino sin que el camino cambie… aunque al final acabe cambiando.

Me gusta esta frase de Sir Ranulph Fiennes, aventurero ingles con una larga lista de desafíos emprendidos, os la comparto: “There is no bad weather, only inappropiate clothing”.

Para mi viene a decir que, a veces, el mal tiempo no es la causa del frío que uno pueda pasar, sino la falta de abrigo apropiado para transitar por esa circunstancia de forma más venturosa y menos tormentosa.

Visto así, la aventura invita. Uno puede hacer algo para dejar de pasar frio sabiendo que cambiar la meteorología queda fuera de su poder.

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La palabra aventura, provine del latín adventura que significa: “las cosas que han de llegar” refiriéndose a aquellos hechos inciertos que están por venir. Tengan el cariz que tengan, la aventura implica aproximarse a ellos. Aproximarse a lo desconocido o permitir que lo desconocido se aproxime, y eso es lo que hacemos en terapia, nos aproximamos a aquello que está en uno mismo y aún desconoce que lleva consigo.

Ya sean anhelos, necesidades, dificultades, emociones etc. Poder reconocerlas y atenderlas activa el potencial de la persona. Detrás de toda dificultad objetiva o percibida, hay un potencial y hay claridad.

Se trata de descubrir ante los propios ojos “quien soy realmente” para así poder relacionarme con genuinidad, honestidad, amabilidad, asertividad y responsabilidad, conmigo mismo y con el mundo. Sentir y actuar en coherencia.

Y finalmente descubrir que, lo que uno se da así mismo, es lo que verdaderamente puede hacer llegar a los otros.

Hay multitud de circunstancias en la vida que van a poder detonar preguntas, bloqueos, indecisión, búsqueda, evitación, conflicto con uno mismo, con la vida o con las personas de tu entorno.

En terapia, nos servimos de esos detonantes como pista de despegue para alzar el vuelo y elevar nuestra mirada hacia un nuevo bienestar, más centrado en el valor de ser y no tanto en el tener, más acompañados por la compasión por encima del juicio,  más enfocados en desarrollar nuestra capacidad de respuesta en el presente y dejar de dar vueltas en el callejón sin salida de las reacciones automáticas y repetitivas.

Y uno puede preguntarse… “¿cómo se hace? Porque suena muy bien, ¿qué es lo que se hace durante una sesión de terapia? ¿Qué ocurre en un proceso terapéutico? Pues bien, ahí empieza la aventura. Una aventura que se lleva a cabo en un entorno seguro, de respeto, donde tú marcas el ritmo y la dirección, acompañado por guías experimentados con suficiente abrigo para exponerse al mal tiempo, y otros tantos para repartir hasta que tu confecciones o remiendes el tuyo propio.

A lo largo de mi trayectoria personal y académica he pasado por muchas sesiones de terapia didáctica y, de terapias muy diversas, todas me fueron útiles, cada una en su momento y cada una tuvo su final. Unas me sirvieron para aliviar, otras para encontrar respuestas, y otras para trascender esas mismas respuestas.

Algunas, me siguen acompañando y maravillando, ocurriendo todo a la vez.

Puedo reconocer que el ser humano guarda dentro de sí un gran poder para sanar, independientemente de cual sea su compromiso con el crecimiento personal  o espiritual, independientemente del tipo de terapia al que acuda, esa parte siempre está activa.

Puede que el avance sea más lento de lo que nos gustaría a veces, sin embargo es constante, como los es el movimiento de la tierra. A veces parece que la noche no avanza, que no va a acabar, como algunas oscuras noches del alma y la realidad es que avanza; a veces parece que el día llegá de un minuto para otro y también es cierto que son necesarias varias horas de oscuridad hasta alcanzar el amanecer.

Veo que con estas palabras “acerca de mi”  también estoy compartiendo “mi comprensión del proceso terapéutico”, y es que lo que soy ahora a nivel humano, es fruto de lo recibido y “lo hecho” con lo recibido hasta ahora; es fruto de la transformación, el crecimiento, que sé que puede propiciar un proceso terapéutico.

Mi agradecimiento es profundo.

Y desde ahí, estás invitado, invitada a la aventura.

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